Covenant Protestant Reformed Church
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El Nombre de Señor

Por Ron Hanko

 

Un nombre muy importante de nuestro Salvador es el nombre maravilloso de Señor. Al igual que el nombre de Cristo, Señor no es un nombre personal, sino un título de honor.

Este título es importante porque nos recuerda que Jesús es Dios. Uno no debería necesitar ninguna otra prueba de su divinidad más que esto: que Él se identifica en las Escrituras como el Señor. “¡Señor mío y Dios mío!” son realmente una y la misma confesión (Juan 20:28).

El título Señor enfatiza especialmente la soberanía de Jesús como propietario de todas las cosas. Como Señor no sólo gobierna sobre todo con autoridad soberana y con poder pero también significa que todas las cosas le pertenecen a Él y son Sus siervos.

Es como el Señorío que Dios habla en el Salmo 50:12, “mío es el mundo y todo lo que en él hay.” Como de la misma forma cuando el salmista confiesa a Dios “todas las cosas te sirven” en el Salmo 119:91. Es esa clase de Señorío que Dios ha dado a Jesús (Hechos 2:36).

Sin embargo, hay dos lados del señorío de Jesús. Por un lado, Él tiene la propiedad legítima de todas las cosas como su Creador, gobernando con poder soberano de acuerdo a su propósito.

Este aspecto del señorío de Cristo es a veces  llamado como la norma de su poder. Como Señor de todo Él utiliza soberanamente todas las cosas, incluso aquello en contra de Su propia voluntad, para sus propios fines.

Pero también existe lo que se llama la norma de su gracia. En este sentido Él es el Señor sólo de su pueblo, y Él lo es por el derecho de compra. Su pueblo le pertenece a Él, no sólo como hacedor del sol, la luna y las estrellas, sino como un tesoro adquirido: “Y ellos serán míos—dice el Señor de los ejércitos—el día en que yo prepare mi tesoro especial” (Mal. 3:17). Jesús ejercita este Señorío sobre ellos, no meramente por poder, pero por las dulces influencias de su gracia. Él los gobierna no con una vara de hierro (Salmo 2:9), pero con un bastón de pastor (Salmo 23:1).

Este es el aspecto de su Señorío que solo puede ser confesado únicamente a través del Espíritu Santo (1 Corintios 12:3). Si Confieso su Señorío de esta manera, no sólo reconozco que Él es el Señor, sino también que es mi Señor. Por lo tanto Confieso que yo le pertenezco a Él y soy precioso ante sus ojos, no por lo que soy o lo que he hecho, pero a causa de la sangre que derramó por mí.

Por otra parte, también estoy confesando entonces que todo lo que tengo le pertenece a Él. Nada de lo que tengo es realmente de mi propiedad—no mi familia, no mi tiempo, no mis posesiones, ni siquiera mi cuerpo: “Pues por precio habéis sido comprados; por tanto, glorificad a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios” (1 Corintios 6:20). El pertenecerle a Él con todo lo que soy y todo lo que tengo es con el deber de usar todas las cosas para Su servicio y para Su gloria y reino.

Por lo tanto, ¿Ha hecho usted la confesión de que Jesús es el Señor, su Señor de su vida? ¿Usted vive y utiliza todo lo que tiene como pertenecientes a Él? Si es así, entonces Él es en verdad su Señor y su Dios.

Tomado de Doctrine According to Godliness por Ronald Hanko, pp. 122-123.
Título en inglés: The Name Lord.

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