Covenant Protestant Reformed Church
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La Fe y la Práctica 

de las Iglesias Protestantes Reformadas en América

Publicado por la Comisión de Misiones de las Iglesias Protestantes Reformadas en América

 

La Palabra de Dios llama a los creyentes a estar "siempre preparados para dar una respuesta adecuada con mansedumbre y reverencia a cualquiera que os pida razón de la esperanza que abrigáis" (I Pedro 3:15). En las Iglesias Protestantes Reformadas en América, tomamos muy en serio este llamado de la palabra de Dios. En este folleto queremos dar razón de la esperanza que tenemos. Lo haremos al explicar el origen de nuestras iglesias y su posición doctrinal básica.

 

Datos Históricos

Las Iglesias Protestantes Reformadas tuvieron su principio en 1924. Sin embargo, nuestro linaje espiritual se remonta a los apóstoles, cuya doctrina es el fundamento de la iglesia cristiana, siendo Jesucristo la principal piedra del ángulo (Efesios 2:20). La palabra "protestante" en el nombre "Protestante Reformada" indica una estrecha adherencia a la gran Reforma Protestante del siglo 16. En aquel tiempo las iglesias protestantes o evangélicas se separaron de la Iglesia Católica Romana con el fin de preservar las verdades de la Palabra de Dios, verdades que habían sido redescubiertas y sacadas a luz por las labores de Martín Lutero y Juan Calvino. La teología teocéntrica de la Reforma se extendió y se desarrolló en Europa con un poder que únicamente pueda atribuirse a Dios. En los Países Bajos se sistematizó esta teología en tres credos que suelen llamarse las Tres Fórmulas de Unidad de las Iglesias Reformadas. Estas son La Confesión Belga (1561), El Catecismo de Heidelberg (1563) y Los Cánones de Dordt (1618-1619). Las Iglesias Protestantes Reformadas se basan en la Palabra de Dios como ella se interpreta en estos tres credos. De manera que estos tres credos, que son la confesión de las Iglesias Reformadas del pasado, son la herencia espiritual de nuestras iglesias.

Nuestra pequeña denominación eclesiástica tiene congregaciones en varias regiones, desde el Atlántico hasta el Pacífico y en Canadá. Estas iglesias no solamente predican el evangelio en las congregaciones establecidas, mas también son diligentes en la obra misionera. Enviamos misioneros a distintos puntos en nuestro país y aun hasta lugares tan distantes como Singapur y los Filipinas. Mantenemos nuestro propio seminario para la preparación de pastores. El seminario tiene un cuerpo docente de tres profesores de tiempo completo, los cuales tienen a su cargo un programa de estudio de cuatro años; además, ofrecen cursos de preparación para el seminario a nivel universitario.

 

Doctrinas Básicas

A continuación un breve resumen de las verdades básicas de la Palabra infalible de Dios enseñadas en las Iglesias Protestantes Reformadas. Nuestras iglesias se someten a aquella Palabra infalible y por la gracia de Dios se proponen mantenerse fieles a ella. Se presenta este resumen para informar al lector interesado. Esperamos que el lector tenga el deseo de conocernos mejor y que con nosotros desee seguir al Señor Jesucristo.

 

La Doctrina de Dios

Creemos que hay solamente un Ser espiritual, quien es Dios (Deuteronomio 6:4). El es el Dios de todas las perfecciones (por ejemplo; soberanía, omnipotencia, independencia). Aunque Dios es uno en esencia, se distingue en tres Personas divinas: Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo (Mateo 28:19; I Pedro 1:2). Estas tres Personas de la divina Trinidad son distintas personas, y sin embargo en todos sus aspectos son coiguales, coeternas y coesenciales. Toda nuestra salvación depende de la voluntad de este trino Dios y se cumple por su poder (Efesios 1:3-7). Solo Dios merece toda adoración y honra.

 

La Biblia

Creemos que Dios es conocido por medio de la creación y preservación del universo, por las cuales todos los hombres saben que Dios existe y que ellos tienen la obligación de servirle (Romanos 1:20). Sin embargo, Dios se da a conocer clara y plenamente como el Dios de toda gracia en Cristo Jesús por medio de su santa Palabra, la Biblia, en la cual se revela todo lo que es necesario saber con respecto a Su gloria y nuestra salvación (II Timoteo 3:15-17). La Biblia es inspirada por el Espíritu Santo y por lo tanto es sin error y es nuestra única regla de fe y vida (II Pedro 1:20-21; Juan 5:39).

 

Creación y Providencia

Creemos que Dios creó el universo de la nada y todas las criaturas para su propia gloria (Apocalipsis 4:11). Por el infinito poder y sabiduría de su providencia Dios todavía sostiene y gobierna todas las cosas hasta el fin determinado por él, de manera que nada acontece por suerte o casualidad (Hechos 17:24-28). Su poder y bondad son tan grandes e incomprensibles que Él ordena y ejecuta su obra de una manera muy excelente y justa para que todas las cosas sirvan su propia gloria y la salvación de su pueblo escogido (Romanos 8:28; Efesios 1:10-11).

 

El Hombre y su Caída en el Pecado

Creemos que Dios creó al hombre bueno y a su imagen y, por lo tanto, capaz de querer y hacer la voluntad de Dios (Génesis 1:27, 31). Pero el hombre voluntariamente desobedeció a Dios, creyó la mentira del diablo, y por eso se hizo sujeto a la muerte (Génesis 2:7; Romanos 5:12; 6:23). Como resultado, todos los seres humanos son concebidos y nacidos muertos en pecados y transgresiones (Salmo 51:5; Efesios 2:1-2). Esta es la verdad de la depravación total, que incluye tanto la culpa imputada como la corrupción heredada. El hombre se ha privado de todos sus excelentes dones y se ha hecho totalmente incapaz de querer o hacer lo bueno y se inclina a toda maldad (Salmo 14:1; Romanos 8:7-8; 1 Corintios 2:14; Efesios 2:1).

 

La Doctrina de la Predestinación

Creemos que Dios ha elegido en Cristo de la totalidad de la raza humana un pueblo para sí mismo (Efesios 1:4-6, 11; Romanos 8:29-30). Esta elección se basa solamente en el beneplácito de Dios y en ningún sentido en obras humanas (II Timoteo 1:9; Romanos 9:11). Del propósito divino de la elección proceden todos los dones de la salvación, incluyendo la fe misma (Hechos 13:48; Efesios 2:8-9). Las Escrituras también enseñan muy claramente el decreto de la reprobación por la cual Dios destina a los no escogidos a la condenación eterna a causa de su propio pecado (Mateo 11:25-27; Romanos 9:11-13; II Tesalonicenses 2:11-12; I Pedro 2:8; II Pedro 2:12). La seguridad de ser un escogido de Dios obra la humillación ante Dios y la adoración agradecida de su misericordia.

 

Jesús el Cristo

Creemos que nuestro muy misericordioso Dios, en concordancia con su propósito eterno de amor para con su pueblo, envió a su Hijo unigénito en nuestra carne, de manera que llegó a ser como nosotros en todo, exceptuando el pecado (Juan 1:14; 3:16-17; I Timoteo 3:16). Jesús, habiendo asumido nuestra naturaleza humana en la cual se había cometido el pecado, satisfizo la justicia de Dios en cuanto a nuestro pecado y culpa por su amargo sufrimiento y muerte (Hebreos 2:14-17; Gálatas 3:13). Su muerte, una muerte en sentido completo, expió todos los pecados de todos los escogidos solamente, reconciliándolos a Dios en comunión y amistad eternas (Mateo 1:21; II Corintios 5:18). Esta relación de amistad que Dios establece con su pueblo en Cristo es su pacto de gracia (Santiago 2:23; Génesis 17:7).

 

El Evangelio

Creemos que el evangelio es la buena nueva de salvación en Jesucristo. Cristo ha encomendado a su iglesia la tarea de predicar a toda criatura (Marcos 16:15). Por medio de la predicación del evangelio Jesucristo mismo llama a los hombres al arrepentimiento y la fe (Lucas 10:16; Hechos 15:30; Efesios 4:21). Y es por medio de la predicación del evangelio que Dios obra la fe en los escogidos y también fortalece y preserva esa fe.

 

La Salvación

Creemos que la salvación que Cristo mereció se aplica a los escogidos de Dios por el Espíritu Santo y por medio de la predicación de la Palabra. Dios no ofrece la salvación al pecador para ser aceptada o rechazada por su libre albedrío. Pero Dios obra poderosamente su promesa en los escogidos. El Espíritu Santo los regenera, haciéndolos capaces por la fe para participar en y gozar eternamente la comunión con Dios (Ezequiel 11:19; Juan 3:3, 8; II Corintios 2:14-15). Así el hombre escogido y regenerado es llevado por el Espíritu a un reconocimiento de su pecado y a la fe en Jesucristo como el único y perfecto Salvador (Hechos 13:48; 16:14).

La verdadera conversión es una sincera tristeza de corazón por el pecado y un apartar del pecado. Es también un gozo sincero en Dios por medio de Jesucristo con amor y deleite para hacer la voluntad de Dios en toda buena obra (Salmo 51:3, 8, 17; Romanos 5:1-2; 8:10-11).

La fe es el don del Espíritu Santo de Cristo al creyente escogido (Efesios 2:8-9; Hechos 16:14). La fe es el lazo que une al escogido y regenerado hijo de Dios con Cristo; en el poder de esta fe el creyente recibe la verdad del evangelio, abraza a Cristo como su Salvador y recibe todas las bendiciones de la salvación (Juan 1:12; 15:4-5). Por esta fe en Cristo el creyente es justificado ante Dios aparte de las obras (Romanos 3:24; 8:33-34; Gálatas 2:16).

El Espíritu Santo también santifica al creyente, haciéndole crecer en la gracia, en conocimiento, y en una vida de buenas obras. Aunque el Espíritu Santo santifica irresistiblemente al pueblo de Dios en esta vida, no se alcanza la perfección hasta que el creyente entre en la gloria (II Tesalonicenses 2:13; II Pedro 3:18; Efesios 2:10; Filipenses 3:12).

El creyente no puede caer ni total ni finalmente del estado de gracia, sino será ciertamente preservado hasta que llegue a la gloria eterna. La seguridad del creyente escogido se basa en el inalterable decreto divino de elección, en el amor constante de Dios, y finalmente en la eficacia de la expiación e intercesión de Cristo (Juan 10:28-29; I Pedro 1:5, 9; Hebreos 7:25).

 

La Iglesia

Creemos que la iglesia de Dios, es una e invisible, y que se compone de todos los escogidos de Dios, reunidos desde el principio hasta el fin del mundo, y que Jesucristo es la Cabeza de esta iglesia (Efesios 1:22-23). Esta iglesia se reúne de todas las naciones, pero es unida en una sola fe por el poder del Espíritu de Cristo (Efesios 4:3-4; Apocalipsis 7:9). Esta iglesia invisible se manifiesta en la reunión de creyentes y sus hijos (I Corintios 1:2; Génesis 17:7). Creemos que es el deber de todo creyente unirse con sus hijos a aquella congregación que manifiesta las marcas de la verdadera iglesia de Jesucristo en el mundo. Estas marcas son tres en número, a saber, la predicación pura de la Palabra, la administración correcta de los sacramentos, y el ejercicio fiel de la disciplina cristiana (Hechos 2:42; Hebreos 10:25; Mateo 18:18; I Corintios 5:13). Para la iglesia de Dios en el mundo Cristo ha ordenado los oficios de pastor, anciano gobernante y diácono. Estos oficiales representan a Cristo, el Rey de la iglesia, y gobiernan la iglesia por la Palabra del Señor (Efecios 4:11-12; I Timoteo 3:1-13; 5:17). La predicación fiel del evangelio es el medio, tanto en las iglesias establecidas como en los campos misioneros, que Cristo emplea para reunir y sostener su pueblo en la fe (Mateo 28:18, 20; Hechos 20:28).

 

Los Sacramentos

Creemos que Dios ha instituido los sacramentos del Santo Bautismo y la Santa Cena para fortalecer nuestra fe. Estos sacramentos son santos signos y sellos por los cuales Dios nos significa la muerte de Cristo y nos sella la justicia que es por la fe (Romanos 4:11). Como la circuncisión en la antigua dispensación, así el bautismo en la nueva dispensación es el signo y sello del divino pacto de gracia (Colosenses 2:11-12). Ya que Cristo derramó su sangre para el lavamiento de los pecados tanto de los niños escogidos como de los adultos escogidos, y debido a que Dios reúne a su pueblo por la línea de las generaciones, los niños de creyentes deben ser bautizados (Mateo 19:14; Génesis 17:7). Creemos que el sacramento de la Santa Cena significa la comunión consciente con Cristo por la fe y que sella la justicia que es por la fe en Él a los partícipes dignos de este sacramento (I Corintios 10:16; Mateo 26:26-28).

 

La Vida Cristiana

Creemos que el Espíritu Santo obra en el hijo de Dios una gratitud contínua a Dios por tan grande salvación (Isaías 43:21; Tito 2:14). Nuestra gratitud a Dios se manifiesta en crucificar diariamente nuestra vieja naturaleza y en hacer toda buena obra (Juan 15:4-5). Nuestras obras proceden de una fe pura y viviente, son hechas según la ley de Dios y a Su gloria (Miqueas 6:8; Romanos 11:36; 14:23; I Corintios 10:31). Las Escrituras enseñan la necesidad de una vida teocéntrica en cada aspecto de nuestro peregrinaje terrenal. Creemos que las Escrituras enseñan que el matrimonio es un vínculo irrompible entre un varón y su esposa, un vínculo establecido por Dios, y que los hijos de creyentes son bendiciones del pacto (Efesios 5:30-31; Salmo 127:3). El creyente debe trabajar con diligencia y sumisión en su vocación, no para agradar a los hombres, sino como para Dios (Colosenses 3:22-25). El creyente es llamado a someterse al gobierno como la autoridad establecida por Dios (Romanos 13:1-7). Y con respecto a la iglesia, el creyente debe ser celoso para la causa de Dios, fiel en asistir a los cultos y diligente en ministrar a sus hermanos en la fe.

 

El Futuro

Creemos que aunque la muerte física es el juicio de Dios sobre el pecado, el aguijón de la muerte ya ha sido quitado para el creyente y la muerte es la puerta por la cual Dios lleva al creyente de una manera inmediata a la gloria consciente con Cristo en el cielo (Lucas 23:42; I Corintios 15:55-57; II Corintios 5:8). Los incrédulos e impíos llevan el castigo de su pecado no solamente en esta vida y en la muerte, mas también eternamente en el infierno (Hebreos 10:29-30; Apocalipsis 20:15).

Creemos que el así llamado milenio es ahora, es decir, en este tiempo en que Cristo ejerce su oficio real a través de la predicación del evangelio y la reunión y preservación de su pueblo. Rechazamos la idea de un futuro reino terrenal de Cristo en Jerusalén por mil años (Juan 12:31-32; Apocalipsis 20:11-15). Creemos que al tiempo de la segunda venida de Cristo los cuerpos de todos los seres humanos muertos serán resucitados y reunidos con sus almas. Todos serán resucitados y reunidos con sus almas. Todos serán juzgados según sus obras. Los salvados en Cristo participarán de la vida de Cristo en la gloria eterna y los que no han creído recibirán justa condenación eterna (Juan 5:28-29; II Corintios 5:10). Aguardamos aquel gran día del regreso de Cristo con anhelo ardiente con el fin de poder gozarnos plenamente de la prometida comunión con Dios en Cristo Jesús nuestro Señor.

 

Estas son las creencias y enseñanzas básicas de las Iglesias Protestantes Reformadas. Si usted tiene alguna pregunta, o si quiera tener más información, escríbanos por favor a la siguiente dirección:

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